Mipymes representan el 94% de las empresas en Panamá, pero enfrentan debilidades en control financiero

Ciudad de Panamá. – Las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes) constituyen el 94% de la actividad económica en Panamá y generan más del 70% del empleo a nivel nacional, según registros de la Autoridad de la Micro, Pequeña y Mediana Empresa (AMPYME). A pesar de este volumen en el tejido productivo, el sector enfrenta desafíos estructurales en su sostenibilidad debido a deficiencias en la gestión de sus recursos financieros y en la administración del flujo de caja.

Especialistas del sector financiero coinciden en que la volatilidad de los mercados y los cambios en los patrones de consumo exigen una planificación financiera rigurosa. La falta de controles internos y el desconocimiento de indicadores técnicos limitan la capacidad de estas organizaciones para anticipar escenarios adversos y optimizar sus operaciones comerciales.

El principal problema operativo detectado en las pequeñas y medianas empresas radica en la gestión de la liquidez. De acuerdo con analistas del sector, un incremento en el volumen de ventas no se traduce automáticamente en estabilidad, ya que muchas empresas fallan en mantener el efectivo necesario para cumplir con sus compromisos corrientes.

Entre las prácticas de riesgo más comunes dentro del segmento se identifican:

  • La ausencia de presupuestos formales y estructurados.
  • El uso inadecuado de las líneas de crédito disponibles.
  • La falta de monitoreo continuo a variables como los niveles de endeudamiento, el estado de las cuentas por cobrar y los tiempos de pago a proveedores.

Félix Gómez, gerente senior de Productos de Crédito de Banco Davivienda, señaló que los periodos de estabilidad en el mercado no deben ser motivo para flexibilizar los controles. Por el contrario, indicó que estos ciclos deben aprovecharse para constituir reservas de capital y diseñar estrategias de mitigación de riesgos de cara a futuras contracciones económicas.

Para mitigar la tasa de mortalidad empresarial en este sector, los asesores financieros recomiendan la implementación de tres medidas preventivas:

  1. Fondos de contingencia: Establecer reservas financieras equivalentes a varios meses de costos fijos operativos, permitiendo afrontar bajas estacionales o interrupciones imprevistas en los ingresos.
  2. Financiamiento planificado: Utilizar el crédito bancario bajo un esquema alineado estrictamente con la capacidad de pago del negocio, dirigiéndolo a proyectos que incrementen la productividad.
  3. Adopción tecnológica: Incorporar herramientas digitales de contabilidad y administración para disponer de datos actualizados que sustenten la toma de decisiones directivas.

El análisis del sector también resalta la existencia del denominado «missing middle» (el segmento medio perdido), compuesto por empresas que superaron la etapa inicial de supervivencia y poseen potencial de expansión, pero encuentran barreras para acceder a financiamiento estructurado y asesoría técnica especializada.

Gómez explicó que reducir esta brecha requiere un trabajo coordinado entre la banca y el ecosistema productivo. En el caso de Davivienda Panamá, la estrategia se centra en proveer herramientas de planificación y soluciones adaptadas para mejorar el flujo de caja de estas organizaciones, con el objetivo de asegurar su permanencia y aportación al Producto Interno Bruto (PIB) del país.

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