El pueblo que olvida su historia está condenado a repetir sus errores. Este 9 de junio se conmemoraron dos importantes fechas, la primera los 55 años de desaparición del Padre Héctor Gallego, durante la dictadura militar de Omar Torrijos Herrera y la creación de la llamada Cruzada Civilista en 1987, que enfrentó la dictadura de Manuel Antonio Noriega.
Fueron dos hechos trascendentales que marcaron un antes y un después en la historia panameña. Pero no sólo el sacerdote Héctor Gallegos fue el único desaparecido, según publicaciones de la época, fueron 116 casos de personas desaparecidas entre 1968 – 1981, su mayoría campesinos y dirigentes estudiantiles. No obstante, hoy, en medio de contiendas políticas el PRD, brazo político de la Dictadura militar pretende togar a Omar Torrijos como héroe nacional, cuando en sus manos teñida de rojo, se le endilga la desaparición del padre Gallego, Juan Demostenes Arauz, Jorge Falconettt, Hipólito Quintero, Julio Alberto Samudio y muchos más.
En tanto, en otra faceta de nuestra historia también durante la dictadura militar se cumplieron los 39 años de la fundación de la llamada Cruzada Civilista, un movimiento que enfrentó la dictadura del también General Manuel Antonio Noriega, en cuyas manos se le responsabiliza de haber ordenado la muerte y decapitación del Dr. Hugo Spadafora Franco, entre otros panameños más. Este movimiento llamado Cruzada Civilista logró unir a toda una población que había llegado al hartazgo nacional de no permanecer inerte ante evidentes violaciones a los derechos humanos y la corrupción imperante.
Hechos insólitos, a pesar de que se luchó y se logró llevar a cabo un juicio en el caso Gallego, nunca se logró establecer donde estaban los verdaderos restos del sacerdote colombiano. Ni si quiera el remordimiento alentó a sus autores a revelar su paradero lo que hace imperdonable a sus actores, que ahora algunos de ellos se convirtieron en disque pastores de sectas religiosas.
Por su parte, la Cruzada Civilista, que se ganó el aprecio y el respaldo de casi todo un país, lamentablemente la avaricia, la codicia, la ambición y el egoísmo, se apoderó de muchos de sus miembros que al ver desaparecida la dictadura militar se hicieron agua la boca con sueños de opio de alcanzar el poder del Estado, pero no para gobernar a favor de los más oprimidos, sino para saciar su ambición económica.
Hoy vemos como miembros de ese movimiento Civilista se han entregado al poder económico, a un sector de la oligarquía panameña, que no le importa resolver los problemas del país, si no la de seguir recaudando más fortunas a través de la compra de conciencias, con contratos millonarios, con apoyo de autoridades y pasando por encima de las leyes, con evidente manipulación no solo de la administración de justicia, si no de los medios de comunicación y las redes sociales.


