Dicho y hecho, hace más de dos años advertimos qué el tiempo nos daría a conocer la realidad de los nuevos profetas o mesías de la política panameña, un grupo de jóvenes que aprovechando el descalabro, deterioro y desprestigio de los partidos políticos, al tiempo que aprovechaba las redes sociales o plataformas digitales, se vendieron como los redentores del pueblo, los inmaculados o los incorruptibles, pero el tiempo se ha encargado de desenmascararlos.
La coalición en la Asamblea Nacional llamada VAMOS, que naturalmente responde a un sector del poder económico de Panamá, ha comenzado a evidenciar su verdadero rostro, no es la de San Martín de Porres ni la de San Benito, sino la de un grupo de jóvenes políticos que se cansaron de recibir órdenes de quien se cree dueño de la verdad y de la misma coalición independiente.
Y es que los diputados Manuel Samaniego y Neftali Zamora, salieron como pollitos en fuga de la coalición Vamos, cansados de que no se les respetarán sus criterios o la pluralidad de ideas que debe existir en todo movimiento político independiente. Cuando una persona se suma a un movimiento políticos es con el objetivo que su voz y su voto sean respetados a lo interno de la organización. Sin embargo, eso no es lo que existe ni en los partidos políticos ni en los llamados independientes.
Mientras en los partidos políticos tradicionales hay juntas directivas qué piensan que son dueños de esas organizaciones o qué se creen que están a perpetuidad, en los llamados independientes surgen dictadorcitos qué reciben órdenes o instrucciones del poder económico y cuyas directrices bajan a las bases de estos movimientos para manipularlos sobre determinados temas o eventos.
Estas actitudes y conductas de los políticos sean de partidos o independientes, si así quiere llamarlos, promovidos por un sector de la oligarquía panameña son las que fomentan o provocan el surgimiento de nefastos grupos de izquierda en los países latinoamericanos que aprovechando el descontento y el hartazgo de la población se cuelan fácilmente en el sistema democrático para luego destruirlo.
Podrán decir misa los miembros de los partidos políticos tradicionales o independientes, pero lo cierto es que la corrupción de los políticos aunado a la corrupción y ambición de la clase empresarial panameña son las verdaderas causas de que grupos de la minoría de izquierda se tomen el poder en los países latinoamericanos, para luego llorar como niños o como cobardes a los Estados Unidos para que intervengan y saquen a los gobiernos dictatoriales.


